Sunday, December 04, 2005

La muerte del abuelo

Tristeza la llaman. Una sensación que nos embarga y no quiere olvido. Recuerdo, remembranza, suspiros, hormigueos, lágrimas, un pequeño vacío y un rato de incomprensión. Muerte la llaman y a su paso todos se detienen. El cortejo fúnebre tiene el tiempo de la muerte, lento, seguro, triunfal, magnífico y aterrador. Como un conquistador que triunfa. La finitud con todos sus oropeles. Así los recuerdos que un hombre nos dio se llenan de tristeza. El abuelo se mezcla con todos sus tiempos del recuerdo, con todas sus palabras y con todas sus imágenes. Así hoy recuerdo una foto mía con el abuelo, con la misma cercanía que mi imagen con la tierra en mi mano que se arrojaba sobre el féretro. Se mezclan todos mis recuerdos y todas de tanto en tanto se aparecen. El abuelo viviendo con dos mujeres y yo que no entendía porqué. El viaje en auto de Bariloche a Bs As dónde el abuelo tenía un puterío o se lo prestaba a las minas que tenía para que trabajen. También me aparece la imagen del abuelo joven en el hospital y mientras una mujer agonizaba gritaba por su hijo. El abuelo tomó su mano y le dijo acá estoy mamá. Y ella mientras tomaba su mano veía un tunel con luz. Veo la escena que el abuelo tantas veces me contó cuando vio cuatro gigantes que tomaban sopa a la distancia y luego se desdibujaron mágicamente; él era un niño. Lo veo al abuelo enamorado de una mujer no judía y que su familia y la de él se opusieron a que tuviera un romance a los 14 años. Se escapó del campo y se fue a Buenos Aires. Lo veo al abuelo como Jorge Arenales, vendiendo sandwiches en la expendedora automática (atrás de la máquina estaba el abuelo, simulando ser la máquina). Veo al abuelo trabajando de cobrador de Segba. Veo al abuelo acompañandome a practicar el viaje a la facultad para que no me perdiera. Veo al abuelo diciendome que siempre tuviera dos mujeres así no sufro. Lo veo al abuelo describiendo un viaje a Córdoba con Segba y que no les pagaban y comía lo que encontraba en el campo. Lo veo al abuelo en el ejército siendo colimba llendo a pedir la rendición de un gobierno de demócrático por parte del ejército. Veo al abuelo en su agonía. Lo veo al abuelo despidiéndose de mí y diciendome chau Guidito. Me veo a mí queriendo llorar y no pudiendo viendo una vida muy plena y tal vez demasiado larga. El abuelo en un féretro y yo empujando por Tablada ese cajón. Mientras el rito se realizaba. El jazan cantando mientras, como yo no lloro. se me caían unas austeras lágrimas.
Hoy soñé con el abuelo, 22 de Mayo del 2005. Iba con el abuelo en coletivo parecía cerca de Constitución o Retiro. El abuelo estaba my enojado porque se había tomado un taxi y lo habían llevado mal y cobrado como si fuera poco demás. El abuelo se baja del taxi y al despedirme le digo abuelo te quiero mucho. Y es así como hoy me levanté.
4 de Septiembre del 2005. Hoy el nombre del abuelo y sus hazañas revolotearon el día, la tristez se adueñó de a ratos y he sido llevado a las palabras, pensando en mi destino, en el mundo que me toca habitar y como de costumbre con pocas respuestas. Al tiempo es necesario darle el nombre apropiado y de alguna manera ese es mi objetivo. Hoy leí algo que me gustó el destino es un Dios con un velo negro.

Saturday, December 03, 2005

Por supuesto, argentino queriendo ser francés o algo por el estilo

Todo empezó, como siempre, hace mucho tiempo. Primero era un espermatozoide que corría desesperado por llegar al óvulo. Ese fue mi acto más heroico y también el más despiadado. Ahí me hice cargo de mi humanidad. Maté a todos mis otros contrincantes. Hoy me encuentro saboreando este aire en las posibilidades marchitas de todos los otros espermatozoides. Hay miles de formas justificar este hecho. Pero la muerte de los otros es parte de nuestra existencia. Explicarlo, es simplemente un intento de resguardarse del pasado y por otra parte inexplicable. Ya que vamos a los inexplicables hay demasiado, casi todo es inexplicable, casi nada de lo que usamos sabemos bien como funciona, ni siquiera nuestro cuerpo, nuestra mente, el aparato de música en el que escucho estos sonidos que de alguna manera influirán en aquello que escribo, etc.
Otra vez un amigo me dijo no hay que tener miedo, todas las personas son más o menos parecidas en todos los lugares. Sea un millonario, o un administrativo del estado; hay la misma gente, circunstancias pequeñas los separan.